Tudo o que temos a fazer [...] é colocar nosso jeito de viver dentro dos meios ecológicos conhecidos. (Marcus Eduardo de Oliveira)
ISSN 1678-0701 · Volume XX, Número 78 · Março-Maio/2022
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Educação
15/12/2021 (Nº 77) “LA EXPERIENCIA DE SER CONSCIENTES” DIÁLOGOS SILENCIOSOS EN PRIMERA PERSONA
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Mandala: “Árbol de la vida solar lunar” (E. M. Shocron)

La experiencia de ser conscientes”

Diálogos silenciosos en primera persona



En estos tiempos de gran intensidad planetaria y alta sensibilidad para los seres humanos, podemos percibir las vibraciones de grandes cambios inminentes, necesarios y urgentes.

Vamos y venimos en la búsqueda del equilibrio entre el mundo material y el mundo del espíritu, percibiendo una fuerza que tal vez escapa de nuestra comprensión pero que nos impulsa a la búsqueda de un balance entre ambos mundos con el anhelo de encontrarlo, de experimentar la conciencia plena y de alcanzar la “libertad de ser en plenitud”.

Necesitamos mirar un poco más profundo nuestro micro-cosmos de residencia habitual para poder asistirnos, descubrirnos, conocer más certeramente nuestros propios miedos, nuestras partes oscuras, nuestras sombras… y decidir ir más allá, poniendo luz a lo que aún permanezca en la oscuridad.

Desde que nacemos queremos conocernos, descubrir nuestra identidad, comprender el sentido de la vida y nuestro rol en ella.

Descubrirnos, saber quiénes somos, reconocer nuestro modo de hacer las cosas y conocer el sentido de nuestras acciones nos permite a ser conscientes, “darnos cuenta” y comprendernos y comprender el mundo que nos rodea.

Esto de mirarnos más profundo es una tarea silenciosa, personal y cotidiana; una tarea de tiempo completo de la que somos únicos responsables porque nadie pueda hacerla por nosotros, así como tampoco podemos hacer la tarea que es responsabilidad de otros.

Todo nuestro accionar va dejando huellas; cada huella puede convertirse en inspiración para otras personas poniendo ritmo a los cambios y, cuando ese movimiento comienza, podremos decir que realmente estamos haciendo nuestra parte.

En la vida hay una interacción constante entre el adentro y el afuera, un vínculo ineludible que nos muestra que todo cambio que producimos en nosotros mismos trae cambios en nuestro medio y que todo cambio que acontezca en nuestro entorno necesita que lo acompasemos y nos pongamos en sintonía con él.

En estos tiempos nos vemos “asediados” por múltiples estímulos; por comunicaciones que nos muestran hechos cotidianos en los que la vida pareciera carecer de valor; estamos sacudidos por hechos críticos que nos conmocionan individual y socialmente, acontecimientos en los que la reacción desplaza a la reflexión, anestesiando nuestra conciencia y llevándonos a la pérdida de coherencia y a la crisis de valores.

Pero simultáneamente nos está ofreciendo la oportunidad de aprender, de poder observar silenciosamente, de hacernos cargo de nuestras acciones, de ampliar nuestros niveles de conciencia, de recrearnos cada día para recalibrar el rumbo y reconocer la realidad en todas sus manifestaciones.



Despertar la Conciencia

Para dejar huellas que inspiren a otros, primero, es importante despertar nuestra conciencia, estar atentos, alerta y sobre todo, darnos cuenta de aquellos sentimientos que silenciosamente permanecen ocultos pero activos en el corazón; así también, reconocer o descubrir aquellos pensamientos que se entrelazan en nuestra mente y aquellas acciones diminutas que suelen pasar desapercibidas para nuestras miradas.

Es importante que seamos capaces de descubrirnos, de conocer y aceptar nuestras fortalezas y nuestras debilidades; de reconocernos en el espejo de los otros y de aceptarnos mutuamente con las diferencias.

Somos seres humanos y planetarios con la sabiduría necesaria para poder dejar de lado los impulsos de soberbia y apetitos de dominación; estamos aprendiendo a vivir y convivir y a reconocernos como naturaleza, como parte de ella junto a tantos otros seres y elementos.

Necesitamos corregir la percepción de estar separados de la naturaleza e indagarnos en silencio, mirándonos a nosotros mismos con toda la honestidad y el amor que sea posible, para poder comprender el ritmo de la vida, comprendernos a nosotros mismos, comprender a los demás y a la naturaleza misma y toda la creación. Es un entrenamiento necesario para poder estar disponibles para los otros, para poder convertirnos en protagonistas de las grandes transformaciones, para evolucionar como individuos y como especie y para experimentar la conciencia plena y una mejor calidad de vida.

Posiblemente, éstos sean los primeros pasos de un sinfín de otros pasos que nos permitan recorrer el camino completo, recordando que todos los cambios globales comienzan por los cambios personales.



El poder del silencio

Alguna vez te quedaste en silencio contemplando la naturaleza, simplemente contemplando sin otro propósito? Alguna vez dejaste que tus sentidos tomaran el control y tus pensamientos entraran en un campo de silencio dejando que los sentidos se hicieran cargo de tu comunicación con todo tu entorno?

Muchas veces hago silencio… leo, escucho, siento, observo, percibo… y me dejo ir… Y en ese espacio de silencio aparece la pregunta… “¿para qué el silencio?”

Y aquí me respondo…

Cuando hago silencio puedo comprender, encontrar inspiración, responderme preguntas, ver con claridad, percibir la verdad allí donde permanece oculta para otros seres… y tal vez, para mí también.

*Observo en silencio: para poder focalizar, para que nada interfiera en lo que mi mirada capta, para que las ideas y el vaivén de mis pensamientos no perturben mis ojos y ellos puedan ver sin filtro, aún, más allá de lo evidente.

*Escucho en silencio: para que nada perturbe mis oídos y ellos puedan captar hasta los sonidos mínimos que vibran en el aire… para que mi conciencia –luego- pueda diferenciarlos; para que mis oídos capten la esencia de lo que otros dicen, sin que mis vaivenes mentales interfieran en eso.

*Dejo que mis manos y mi piel perciban en el silencio: para que lo hagan con toda su sensibilidad desplegada y perciban las superficies y calidades sutiles, como el aire, las temperaturas y el sinfín de sensaciones táctiles.

*Me dejo envolver y abrazar por ese silencio corpóreo: para que todo mi ser -incluyendo mi cuerpo físico- agudice su sensibilidad y perciba mucho más en las profundidades; para que mi cuerpo pueda ser un sensor agudo y captar lo que las palabras no alcanzan a decir.



El Silencio, fuente de sabiduría e inspiración

El silencio precede a la inspiración, nos prepara para la creación, para el descubrimiento; nos prepara para darnos cuenta, para ver claro, para escuchar sin interferencias.

El silencio nos prepara para sentir, percibir y hacer contacto con lo sutil y lo esencial desplegando al máximo nuestra sensibilidad.

El silencio es poderoso así como la pausa que interrumpe el movimiento para poder afirmar nuestros apoyos y poner en alerta nuestros sensores corporales para expandir el campo perceptivo.

En el silencio nuestros oídos amplían su campo auditivo… como si se estirara en la distancia y pudiera llegar más allá de la cercanía sonora inmediata.

En el silencio todo nuestro cuerpo amplía su campo perceptivo y nos volvemos uno con todo lo que nos rodea, experimentando la conciencia en expansión.

El silencio voluntario se transforma en un recurso útil para la experiencia de la “conciencia testigo” y para la expansión de la conciencia que se manifiesta en la conciencia plena, especialmente, si lo adoptamos como una práctica cotidiana, creando el hábito de generar espacios de silencio durante el día, para neutralizar los ruidos perturbadores que anestesian nuestros sentidos y adormecen la conciencia.



En la vida suceden hechos que nos conmueven, que nos sacuden, que nos hacen cuestionarnos y cuestionar, que bloquean nuestra claridad de pensamientos, que nublan nuestra mente y anestesian nuestra conciencia, que paralizan nuestros movimientos o los estimulan caóticamente, generando barullo a su alrededor.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

Cuando esto ocurre, cada palabra que pronunciemos cuenta y cada silencio o pausa, también. El silencio cuenta para poder aquietarnos, para poder separar los ruidos de las melodías, para poder encontrar la armonía que se oculta detrás de un telón ruidoso, para poder compartir la palabra justa y oportuna.

El silencio nos permite descubrir la verdad que se oculta detrás de los gritos, detrás de aquellas voces que pretenden quedar por encima de otras voces, intentando hacerlas desaparecer.

El silencio y la quietud ayudan a revelar los detalles sutiles, dejando que se muestren ante nuestros ojos, así como los sonidos pequeños ante nuestros oídos y los mínimos sentimientos silenciosos, ante nuestro corazón.

En estos tiempos que corren tal vez sea oportuno generar espacios para seguir deslizándonos por diálogos silenciosos en primera persona; para entregarnos a esas conversaciones en voz baja con nosotros mismos que estimulen nuestra conciencia, que la activen y que ayuden a su expansión.

Si ajustamos algunos detalles lingüísticos con relación a la “conciencia” daremos más claridad a los contenidos.

Etimológicamente la palabra “conciencia” tiene sus raíces en el latín y nos lleva a la idea de un conocimiento compartido o simplemente, la de tener conocimiento.

Ser conscientes” es tener conocimiento de sí mismo y del entorno.

Entonces… “¿qué diferencia hay entre “conciencia” y “consciencia”?

Consciencia es la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir la realidad y reconocernos en ella.

Conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien o está mal; es un acto psíquico mediante el cual el ser humano se percibe a sí mismo dentro del entorno, incluyendo la Naturaleza.

Nosotros somos naturaleza, no estamos por encima de ella… y esto es algo que muchas veces olvidamos.

Lo olvidamos cuando queremos cambiarla, cuando intentamos dominarla y posicionarnos por encima de ella, en lugar de percibirnos en ella.

La naturaleza nos trasciende, nos abarca, nos incluye; nos enseña la vida, nos muestra sus misterios pero… los comprendemos? Nos tomamos el tiempo para recibir sus enseñanzas?

La naturaleza nos muestra los ritmos de la vida, carece de ansiedad y no apura los procesos sino que los deja ser… Pero nosotros, muchas veces, nos olvidamos de eso, nos volvemos ansiosos, queremos ver resultados inmediatos sin dar tiempo a que maduren los procesos de la vida, sin respetar sus ritmos y sin comprenderlos… Hasta nos volvemos torpes, olvidando la importancia de la sintonía con todo lo que la vida es y queremos dominar lo indominable y competir con ella…

Entonces, aparecen los miedos, la incertidumbre, perdemos el ritmo y nos alejamos del balance vital y de la oportunidad de experimentar “la libertad de ser”, en expansión y en plenitud.



Hoy, aquí y ahora, en este tiempo en el que los cambios son urgentes e imprescindibles, nos propongo tomar la decisión de profundizar nuestro contacto con la naturaleza, con su sabiduría, con nuestra propia esencia. Nos propongo ser peregrinos silenciosos recorriendo nuestros caminos internos y transformarnos en caminantes de la vida yendo al encuentro de nuestro destino.

Nos propongo ser viajeros incansables por los senderos del alma, dejando huellas para que otros las vean, con el anhelo que nos acompañen con el corazón en la mano, con la mirada disponible para el asombro y el descubrimiento y con el alma lista para el encuentro a corazón abierto.

Esther Mónica Shocron Benmuyal

Embajadora de Paz

Distinción otorgada por Mil Milenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

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Ilustrações: Silvana Santos