Hoy está dando vueltas en mi universo interno “la cultura del ser”, de la que pocos hablan dándole un espacio especial en lo cotidiano. Y junto a ella, aparece la “cultura del tener”, que tiene mucha “publicidad”, que prioriza la materia casi en exclusividad, como una señal de éxito personal y social y que -en estos tiempos- está captando diariamente la atención global, impregnando múltiples aspectos de la vida de todas las sociedades del mundo. Entonces me pregunto: ¿Y la esencia de todas las cosas en qué lugar queda? ¿Qué lugar le reservamos en nuestra vida personal y –también- en el orden social? Y surge otra pregunta: ¿Qué perdura más en el tiempo, la materia o la esencia? Y aquí comienza –entonces- un recorrido silencioso por los espacios de la mente, que procura ordenar prioridades y orientar nuestros pasos y que me lleva a decir también, que la materia es finita y que la esencia perdura más allá de la materia.
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