Que meu andar, meu viver seja cada vez mais no ritmo das bicicletas... (José Matarezi)
ISSN 1678-0701 · Volume XXI, Número 79 · Junho-Agosto/2022
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Educação
30/05/2022 (Nº 79) “SEMILLAS-CORAZÓN”
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Mandala “Hanaq Pacha” (Cielo/Tierra) ~serie Andina~ (E. Mónica Shocron B.)

Semillas-corazón”



Traigo entre mis manos un puñado de semillas para continuar nuestra siembra… Semillas con historia, semillas con memoria, semillas ancestrales, semillas de amor, semillas-sentimientos, semillas-corazón.

El terreno está listo para recibir cada una de estas semillas-corazón, con la esperanza de honrar nuestros orígenes, nuestra herencia planetaria, nuestro sustento cotidiano y la gran diversidad. Son las semillas-corazón que anidarán en cada surco con el anhelo de germinar y expandirse hasta que lo sutil florezca y se haga visible y sensible para el corazón de cada ser humano y se transforme en una promesa amorosa y vital para esta casa planetaria que todos habitamos. Es momento de sembrar y de canalizar nuestras fuerzas ocultas más poderosas para poder celebrar juntos una buena cosecha. Es momento de disminuir el vértigo y las urgencias por obtener resultados “ya”. Necesitamos aprender las pausas, para reflexionar, para pensar, para mirarnos hacia adentro, para sentirnos, percibirnos y percibir nuestro entorno con mayor sensibilidad. Son tiempos que nos piden mayor profundidad y conexión para traer a nuestras vidas claridad de propósitos, sensibilidad y acciones coherentes que afiancen nuestro “ser consciente”. Precisamos experimentar en nuestras vidas mayor coherencia –coherencia entre sentir, pensar y hacer- para que se manifieste en nuestra forma de vincularnos, en nuestra convivencia cotidiana y en nuestro modo de vivir.



La siembra

Antes de comenzar la siembra nos propongo hacer un paseo con la conciencia plena, despertando todos nuestros canales sensibles para que nuestra conexión sea profunda. Conciencia plena es el estado de profunda comunión con todo que nos da una visión expandida de la vida y de todo cuanto existe.

A veces, precisamos un poco más de tiempo para “ponernos a punto”, para serenar nuestra mente y nuestro cuerpo, para entrar en sintonía con nuestro mundo interno y tenderle -desde ahí- una mano amiga al mundo exterior. Pero lo importante es alcanzar ese estado de plena atención respetando nuestro propio ritmo. Y podemos comenzar por hacer una pausa y dejar de movernos física y mentalmente; como balanceándonos entre el movimiento y la quietud más absoluta, dejándonos ir amablemente, hacia un punto medio de balance y equilibrio dinámico.

Nuestra mente es capaz de quedarse en pausa y dejar que sólo los sentidos nos hablen con su lenguaje de sensaciones y emociones, en ese idioma senso-perceptivo que nos conecta con lo sutil de la vida, de la madre naturaleza y nos trae la conciencia de SER nosotros NATURALEZA.

Es en ese estado de conciencia plena que descubrimos realidades y verdades; es en ese estado de “ser conscientes”, que nos vinculamos más amorosamente con todo nuestro entorno, porque nos volvemos capaces de “sentir” sin interferencias y ponernos en el lugar del “otro yo”. Y al hablar del “otro yo” me refiero a cualquier otro ser del entorno que habitamos, porque una parte de cada uno de nosotros también contiene una parte de “ese otro”... Sí, tal vez nuestros ojos vean cuerpos y estructuras físicas separadas unas de otras… Pero existe una conexión sutil, una red invisible que nos reúne en una trama única de energías que no podemos ver a primera vista, pero que la percepción profunda sí puede captar. Todo en el planeta está conectado formando un diseño único y vital por donde circula la información que sostiene la coherencia de todos los sistemas de vida planetaria. Pero tal vez precisamos entregarnos, abrir nuestra mente y nuestro corazón, experimentar diferentes ángulos de visión, renovar nuestras miradas acerca del mundo, de la vida y de todas las cosas y dejarnos deslizar por descubrimientos insospechados… expandiendo nuestra mirada y encontrando inspiración para generar nuevas formas de vincularnos y nuevos modelos de convivencia. Podemos hacerlo!



La magia de los silencios de palabras y de las voces de los sentidos

Cuando las palabras habladas dejan lugar a las voces de los sentidos se produce la magia! Los sentidos nos llevan a recorrer caminos que nos regalan momentos especiales y únicos que nos transforman en exploradores inesperados de realidades sensibles. Es una experiencia que despierta nuestra capacidad senso-perceptiva, que nos ayuda a descubrir misterios, a descubrir la vida en sus múltiples manifestaciones, a recorrer caminos activando nuestra capacidad de asombro e ir al encuentro de nuevos ritmos que nos conectan con nuestro propio “Groove” en sintonía con el “Groove” de la vida… Tal vez, te estás preguntando que es ese “Groove”? Es un sentimiento, una sensación intuitiva de un “ciclo en movimiento”; es la comprensión intuitiva de un patrón rítmico que nos impulsa a movernos, a danzar… Es “eso” que nos hace mover casi inevitablemente, siguiendo la esencia rítmica de lo que estamos escuchando… Y también, es un modo diferente y “musical” para describir cómo seguir el compás de la vida.

Muchos sonidos de la naturaleza pueden estimularnos en esta búsqueda del “Groove de la vida”… el ritmo de los vientos agitando las aguas, o haciendo danzar las hojas, o impulsando el vuelo de la arena fina o del polvo del camino; el cantar de los pájaros; el agua corriendo entre las piedras, o el “movimiento sonoro” de las olas del mar; o el crepitar de las leñas encendidas; o el golpeteo de las gotas de lluvia en las ventanas… La naturaleza está llena de ritmos, de estructuras sonoras que nuestros cuerpos captan y pueden sintonizar, moviéndose al compás de esos patrones rítmicos… y las posibilidades de exploración son infinitas y se abren como un gran abanico de alternativas de acceso a nuevas fronteras de nuestra conciencia.



A veces, creemos que ya tenemos todo claro, que ya hemos aprendido todo y hecho lo suficiente; pero… es realmente así? Creo que no, que siempre nos aguarda algo nuevo por descubrir… y que lo que aparentemente creíamos que era de un modo determinado, se puede presentar una vez más ante nuestros ojos de un modo diferente… porque nuestra mirada ha cambiado y se modifica –entonces- nuestro modo de ver.

Muchas veces observo que las temáticas se repiten y me he preguntado para qué la inspiración me lleva una y otra vez alrededor de los mismo ejes temáticos… Tal vez sea para afianzarlos en nuestra consciencia; para transformarlos en un ejercicio habitual que nos acompañe en el día a día, en nuestro modo de vivir. Tal vez sea para que recordemos y estemos más atentos, para que despertemos una vez más nuestra sensibilidad adormecida y profundicemos aún más nuestra conexión profunda con la vida…. Y como dicen: todo ocurre por alguna razón…

A lo largo de estos años de camino compartido, cada vez que he hablado del despertar de la conciencia, de profundizar nuestros campos sensibles, nuestra capacidad de comunicación perceptiva, de ampliar la sensibilidad, de jugar con el silencio, las pausas y el movimiento, percibo que de algún modo se transforma en un recordatorio de quienes somos en realidad en este magno contexto planetario y más allá… y que su práctica continua y disciplinada, colabora con la expansión de nuestra visión y de nuestra conciencia.



Vayamos a nuestro “laboratorio interior”, donde podremos hacer nuestras experiencias creativas dejándonos guiar por la intuición

Dejémonos llevar por los sonidos del ambiente y comencemos a jugar con sus ritmos… como si fuéramos un instrumento musical… Démonos la oportunidad de experimentar y de descubrir sensaciones. Dejemos que el campo de los sentidos expanda sus fronteras con cada vivencia profunda y permitamos transformarnos en un ser con su sensibilidad a flor de piel, capaz de recalibrar sus vínculos con la naturaleza y recomponer los diálogos con ella desde otra vertiente, yendo más allá del pensamiento lineal, abriendo el corazón de par en par, descubriendo nuevos horizontes de comunicación y de comunión con el universo planetario.

Dejemos que la inspiración nos guíe en este juego experimental. Exploremos en libertad con los sonidos del ambiente, sigamos los ritmos con nuestro cuerpo, o con la voz, o dejando que manos y pies generen juegos de percusión acompañando los ritmos del medio ambiente… Soltemos las ataduras mentales y los preconceptos. Dejemos que nuestro ser descubra, sienta, se entregue a lo inesperado y se deje llevar por las sensaciones captadas por todos los canales sensibles disponibles… Seamos sensibilidad pura y entremos en comunión con el “Groove” de la vida.



Las semillas…

Hay semillas de todos los tamaños y colores; semillas como pequeños puntos, semillas como grandes carozos, semillas con cubiertas, semillas semidesnudas….pero son todas semillas que honran la vida y sus códigos genéticos, semillas generosas que esperan expandirse, germinar, florecer y dar sus frutos… Y así como ellas, son nuestras acciones cotidianas: acciones pequeñas, acciones silenciosas, algunas casi invisibles y otras, muy sonoras, enormes, visibles y abrazadoras. Todas ellas se expanden, florecen y dan frutos. Somos sembradores de semillas-acciones, somos sus guardianes, somos quienes eligen las mejores semillas para la siembra cotidiana; somos responsables de esa minuciosa selección, de cuidar su riego y de acompañar su proceso hasta que den sus mejores frutos.

Nuestras semillas–acciones silenciosas y pequeñas tienen el poder de dar abundantes cosechas.

Entonces… Pongamos atención en el poder de lo pequeño, de lo silencioso, de lo que a veces pasa inadvertido… porque sólo es invisible para ojos y sentidos distraídos de quienes miran superficialmente las realidades en las que transcurren sus vidas.

Lo pequeño tiene un misterioso poder que muchas veces supera el poder y la fuerza de lo que parece gigante. Pensemos nuevamente en una pequeña semillas y en esa gran expansión llena de vitalidad que generosamente se manifiesta en sus frutos. Y pensemos, ahora, en esas pequeñas acciones cotidianas que misteriosamente “mueven montañas”, como los silencios envolventes, o las acciones movidas por las profundas convicciones; o las sonrisas acompañadas de un gesto mínimo que genera grandes consuelos a quienes sienten dolores que aprietan el alma y el corazón… o un abrazo redondo, mudo y profundo y su efecto casi mágico frente a la tristeza y las lágrimas…

Pensemos ahora en lo estridente, ese grito que nos deja sordos y nos impide escuchar las voces serenas, o aquellas acciones ruidosas que nos distraen de lo esencial; o el alboroto de los “chismes” que nublan, manipulan y desdibujan lo verdadero…

Pensemos ahora en nuestras elecciones cotidianas; en la selección de nuestros enfoques y de nuestros modos de hacer del día a día. Pensemos cuáles son las acciones diarias que prevalecen en nuestra vida, cuáles de ellas vemos expandirse y cuáles son sus efectos.

Pensemos en la relación entre siembra y cosecha; en esas acciones-semillas que elegimos plantar en nuestros surcos de la vida… Pensemos en las cosechas que quisiéramos celebrar para que nuestra selección de acciones-semillas sea la adecuada, la que garantice una buena cosecha que ilumine nuestra vida y la vida de los “otros yoes” que nos acompañan en la convivencia diaria.

Pensemos en las palabras-semillas, aquéllas que aparecen en nuestra mente, aquellas que decimos o que escribimos; pensemos en el volumen de nuestra voz al pronunciarlas… y también, en su fuerza oculta y esencial, aquélla que le da el poder de crear realidades. Recordemos también que el volumen de nuestra voz al expresarnos no es sinónimo de verdad… y que la fuerza y su poder vienen de la coherencia interior y no de lo externo, porque la manifestación es el resultado de la fuerza interior.

Pensemos también en los ritmos de la vida y en nuestros ritmos al andarla… Recordemos que el apuro y la ansiedad no garantizarán la perfección final.

Recordemos que cuando la paz vibra en nuestro ser nuestras palabras fluyen con firmeza y suavidad; nuestra voz las expresa en armonía, calmadamente, prescindiendo de los volúmenes altos... porque su fuerza, reside en la coherencia que inspira los pensamientos y los discursos, dejando que su vibración llegue a grandes distancias, más allá del grito, más allá de los altos decibeles... que perturban la calma, que lastiman los oídos y sacuden el alma.

Recordemos que si anhelamos una vida plena y en armonía con todo, eso dependerá de la elección minuciosa de nuestras semillas y de nuestra siembra.



Esther Mónica Shocron Benmuyal

Embajadora de Paz

Distinción otorgada por Mil Milenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

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Ilustrações: Silvana Santos