Renunciar ao supérfluo coloca ainda mais em evidência o necessário e o indispensável. - Pierre Rabhi
ISSN 1678-0701 · Volume XXI, Número 81 · Dezembro-Fevereiro 2022/2023
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Educação
14/12/2022 (Nº 81) “LA TRAMA VIVA”
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Mandala: “La Trama Viva” (E. Mónica Shocron B.)



La Trama Viva”



La respiración y el tapiz de luz…

Una experiencia guiada para iniciar nuestra sintonía

Dejemos que nuestra mirada se deslice amablemente hacia el horizonte; lentamente, dejemos que nuestros párpados se cierren suaves para poder activar nuestra mirada interna, nuestra percepción profunda, nuestra íntima conexión…

Dejemos de respirar mecánicamente y demos lugar a la respiración consciente, percibiendo profundamente cada inhalación y cada exhalación y el ritmo de nuestros latidos en su pulsar acompasado, en sintonía con los movimientos de la respiración…

Somos ese aire que respiramos; somos el ritmo acompasado de nuestra respiración; somos el prana que nutre cada célula, cada rincón de nuestro cuerpo físico y nuestros cuerpos sutiles; somos la sutil energía de la luz de la vida en expansión, somos parte de la trama viva.

Cada inhalación y cada exhalación tienen también su simbolismo: cuando exhalamos, nos brindamos, dejamos ir, nos proyectamos; cuando inhalamos nos abrimos para recibir, estamos disponibles y receptivos; nos nutrimos, nos renovamos, renacemos. En cada movimiento de expansión y contracción nos vamos vinculando ininterrumpidamente con las sutilezas de la energía de la trama viva; con la energía de la luz, de la alegría infinita… Somos puntos de luz en esa inmensa trama que entre todos vamos tejiendo sincronizadamente, simplemente al respirar, conscientes de nuestra presencia en el contexto grupal. Somos luz al inhalar y somos luz al exhalar; somos la manifestación de la fuerza de la vida en cada inhalación y en cada exhalación. Somos tejedores del tapiz de luz que nos reúne en una trama infinita; que nos vincula y nos comunica más allá de las palabras.

Inhalamos y exhalamos luz, reciclando nuestra energía vital personal y la energía vital de toda la trama viva. Todos somos esenciales, somos una unidad que se fortalece con la presencia de cada uno y la de todo el tapiz que vamos co-creando amorosamente. Somos la fuerza de la vida vibrando en cada inhalación y en cada exhalación. Nuestra presencia se fortalece más allá de nuestra percepción habitual del espacio-tiempo, trascendiendo sus fronteras finitas y las fronteras de nuestra conciencia habitual.

La respiración es comunicación sutil, es expansión y es inclusión. Dejemos que su energía se expanda desde el centro de luz que nos habita; seamos esa luz; brindémosla en cada exhalación con generosidad y desapego y abramos nuestro espacio interior para recibirla con gratitud en cada inhalación. Mantengamos la vitalidad de esta maravillosa red de comunicación, transformándola en un tapiz luminoso que nos contenga y nos abrace, siguiendo el ritmo continuo de la respiración y de los latidos. Recibamos con amor y gratitud este don de ser tejedores amorosos de la trama viva, invisible y poderosa, capaz de activar las transformaciones necesarias para poder expresarnos como seres espirituales, humanos y planetarios.



Ser humanos

Un ser humano es una parte de la totalidad que llamamos Universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sus sentimientos, como algo separado del resto; una forma de ilusión óptica de la conciencia. La ilusión es una forma de prisión que limita nuestros deseos personales y nuestra preocupación por unas pocas personas que están cerca de nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esa prisión, extendiendo nuestro círculo de compasión hasta abrazar la totalidad de las criaturas vivientes y la totalidad de la naturaleza en la plenitud de su belleza” (Albert Einstein)

Nosotros, los seres humanos somos parte y a la vez co-creadores de la “trama viva que forma el tapiz de la vida”. Somos seres planetarios y seres espirituales aprendiendo a ser humanos para poder reconocernos en nuestra propia humanidad. Compartimos con otros seres una identidad que nos da nuestra Tierra, que es una identidad física, biológica y antropológica, con una historia que se vincula con la historia de nuestro planeta. Somos parte del caos, pero también, somos parte del cosmos, es decir, del orden universal, al que necesitamos reconocer y comprender - sobre todo- en tiempos de crisis planetarias.

Como seres humanos y planetarios estamos influidos permanentemente por una infinidad de estímulos; somos permeables frente a las energías de los vínculos interpersonales y de las relaciones causa-efecto del mundo físico; más allá de esta complejidad -tal vez aparente- somos la expresión de la simpleza presente en esta trama viva que nos reúne y nos incluye.

Ser humanos es darnos cuenta que somos más que materia; también somos conciencia y espíritu; somos parte de la unidad y de la diversidad; de lo físico y de lo metafísico; de lo denso y de lo sutil, de lo material y de lo inmaterial. Somos partículas cósmicas como parte del universo y partículas terrestres por nuestra identidad planetaria. En nosotros están presentes todos los elementos y sus energías; somos agua, fuego, aire, tierra y somos luz en todo su espectro vibracional. En nosotros están archivadas las memorias de toda la trama viva planetaria y las memorias de todo el universo. Encarnamos la vida en el espacio-tiempo en conexión simultánea con el universo y el planeta; nuestro cuerpo físico echa raíces en la tierra y nuestra conciencia trasciende hacia los niveles más sutiles y de alta vibración, creando puentes entre el Cielo y la Tierra, entre el caos y orden universal.

Somos lo que somos en relación con cada elemento del tapiz de la vida; nuestra existencia es posible por la existencia de todos y de cada uno de los elementos de esta trama viva. Nuestros vínculos con el medio planetario y cósmico son ineludibles.

Alguna vez hemos hablado de la “triple identidad”, ésa que nos hermana con todos los seres de este planeta y también con todo el Universo. Nos propongo hacer consciente nuestra triple identidad, para comprenderla, sentirla, vivirla y vibrar en sintonía con las energías de toda la trama de la vida.



*Descubramos y comprendamos la sintonía

Podemos experimentar nuestra identidad planetaria y humana a través del cuerpo, de la mente y de la conciencia. Las experiencias nos sirven para pasar en limpio las observaciones, las reflexiones y las percepciones. Proponernos la experimentación cotidiana es decidir voluntariamente entrenar la mente y la conciencia para ampliar nuestra visión, para evolucionar como seres humanos planetarios y espirituales y logar la expansión de nuestra conciencia, entrando en perfecta sintonía con toda la trama viva.

Entrar en sintonía es encontrar ese acorde armónico que nos acompañe en el camino de expansión y evolución como seres individuales y como partes de un todo mayor. Entrar en sintonía es vibrar al unísono, pulsando vida y acompasando los latidos de toda la trama.

En este gran tapiz de la vida somos una parte y también el Todo; la energía vital que nos anima es la misma que anima a todos los seres vivos; esa energía es el “aliento de vida”.

El “aliento de vida” es la sutil energía que nos inspira, que nos pone en acción, que nos vincula con el ritmo vital de toda la trama, sosteniendo la sintonía global.

Nuestros ritmos internos vibran en sintonía con los ritmos del universo, con los de la naturaleza y los del cosmos. Nuestro reloj biológico se calibra en contacto con el sol, con la temperatura ambiental, con los sonidos que nos circundan, con las vibraciones de otros seres humanos y de todas las criaturas planetarias.

Todos somos parte de una trama única, rítmica y pulsante. Todo lo que nos ocurre, sucede dentro de esta trama en la que los aspectos internos y externos condicionan los resultados. Lo de afuera facilita los procesos que se inician adentro, como ocurre en nuestro territorio íntimo –el mundo emocional, mental, nuestra herencia genética y racial- Pero también, lo que sucede en el territorio íntimo, de alguna manera se va expresando en el exterior, influyendo en el entorno cercano y también, más allá, generando el movimiento y las transformaciones.



*Comprender nuestra responsabilidad

En el gran tapiz de la vida cada uno de sus componentes tiene su rol y su espacio dentro del contexto general; la presencia de cada uno es fundamental, especial y esencial para sostener la vitalidad de toda la trama y por eso, cada pequeña acción personal incide en las acciones grupales, así como las acciones grupales también estimulan las acciones individuales y las influyen.

Somos responsables de lo que creamos en nuestro mundo íntimo y también, en el mundo que nos rodea. En la vida generamos nuestros propios desequilibrios en el cuerpo, en nuestras relaciones, en nuestro medio social y profesional y en nuestras acciones cotidianas. Pero, así como somos capaces de producir estos desórdenes también tenemos el poder de ordenar, corregir, transformar los procesos y recrear la armonía en nuestro mundo interno, en nuestro entorno y en todos los aspectos de la vida.

La comunicación mantiene el ritmo de toda la trama. Cuando nos comunicamos, manifestamos comunión; compartimos y penetramos en el mundo del otro y entramos en sintonía.

En esta trama que tejemos juntos encontramos “espejos” en los cuales reflejarnos; esos espejos nos facilitan la visión de nosotros mismos, nos ayudan a reconocernos; a reconocer energías, conductas y actitudes; nos ayudan a comprendernos y a comprender, generando vínculos que se sostendrán mientras tengan sentido de existencia. Estos espejos en los cuales nos reflejamos se convierten en maestros que permanecen a nuestro lado mientras siguen en sintonía con nuestro “alumno interior”, es decir, mientras tengan sentido para nuestros aprendizajes de vida, mostrándonos el camino.

En esta trama viva nuestras acciones, nuestras actitudes, nuestros pensamientos influyen sobre las acciones, actitudes y pensamientos de los demás; porque son energías en constante vibración que se encuentran entre sí cuando entran en sintonía unas con otras, potenciándose, tanto en la construcción como en la destrucción, según sea su modo de vibrar. Por ejemplo: El enojo, la ira, el resentimiento, el reclamo reiterado y la crítica constante generan una cierta cantidad de energía destructiva que va socavando la energía vital y que nos afecta en los planos físico, mental y emocional a todos los seres involucrados en esa sintonía. Cuando esto ocurre es importante recuperar rápidamente nuestra conexión con el punto de luz que nos habita para reencontrar nuestra sintonía con la vibración más elevada, capaz de transmutar los elementos necesarios que transformen el caos, en orden y en armonía. La conexión con nuestro centro de luz nos ayuda a recuperar el acorde armónico que sustenta el balance vital dentro de la trama global. Para poder sustentar el balance vital de toda la trama necesitamos reconocer la “divina proporción” presente en el orden universal, que mantiene el equilibrio dinámico y vital.



*La “divina proporción”

La trama planetaria es una gran red manifestando la evolución de la energía de acuerdo con un patrón geométrico universal, al que llamamos “geometría sagrada”. La geometría sagrada es –entonces- una metáfora del orden del universo; es el estudio de las proporciones, de los patrones, los sistemas, los códigos y símbolos que representan la fuente que da origen a la materia y al espíritu de todas las manifestaciones de vida. Podríamos decir que es la huella digital de toda la Creación, el génesis de todas las formas y, también, es un camino para comprender nuestra identidad, nuestro origen y encontrar el sentido de nuestra existencia dentro de la trama total.

La geometría sagrada contiene conocimientos milenarios a los que tuvieron acceso Platón y Pitágoras cuando descubrieron que determinadas formas, figuras y proporciones perfectas eran la vía que estimulaba la creación y la sustentación de la vida.

Este patrón universal guarda en sí mismo el código o matriz holográfica generadora de todas las formas existentes; es el patrón original a través del cual se crea, expande y desarrolla toda manifestación de vida. Todo lo que existe se gesta a partir de esta matriz que representa una secuencia geométrica esférica formada por infinitas esferas que se contienen y se vinculan unas con otras, tejiendo de este modo la gran trama de la vida. Nosotros somos parte de esta trama y cada una de nuestras células contiene toda la información de la perfección de la vida vinculada a este patrón universal. Por lo tanto, en cada ser humano planetario anida la memoria universal de la armonía, capaz de revertir y transmutar todo proceso de desbalance vibracional con la simple intención amorosa de hacerlo y en conexión con la matriz original. Dentro de la gran trama de la vida toda manifestación guarda en sí misma la “divina proporción” que manifiesta belleza, armonía y perfección; y en esa trama estamos todos incluidos.

Encontremos en nosotros esa “divina proporción” y hagamos nuestro aporte al balance vital de toda la trama viva.




Esther Mónica Shocron Benmuyal

Embajadora de Paz

Distinción otorgada por Mil Milenios de Paz y Fundación Paz, Ecología y Arte

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Ilustrações: Silvana Santos