Somos o que fazemos, mas somos, principalmente, o que fazemos para mudar o que somos. Eduardo Galeano
ISSN 1678-0701 · Volume XXIII, Número 94 · Março-Maio/2026
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Educação
16/03/2026 (Nº 94) “RAÍCES EN LA LUZ”
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Mandala “Raíces en la Luz” (E. Mónica Shocron B.)

Raíces en la Luz”

Raíces

Raíces que nos sostienen y nos afirman a la vida; que nos dan pertenencia, que nos vinculan a un lugar y a un sistema común; que nos proveen de alimento y de sustento. Raíces que se entrelazan formando redes ocultas para la vista, que van tejiendo tramas profundas y se transforman en verdaderos mapas de vida, en los que todo se conecta con todo, vinculándose con la luz esencial de la vida…

Percibir que nuestras raíces anidan en la luz infinita de la vida y que son parte de este sistema maravilloso que nos une a la vida y a la existencia en comunidad, es sentir y ser conscientes de la energía que brilla en la esencia de todas las cosas y se transforma en nutriente; es darnos cuenta de la existencia de la luz que habita en nuestra alma, en nuestro cuerpo físico, en nuestro espíritu y en nuestra consciencia y –también- en todo lo que existe a nuestro alrededor.

Sentir y percibir la fuerza de la vida habitando todo lo que existe nos vuelve conscientes de este vínculo infinito que tenemos con esa Luz que habita nuestra esencia humana, espiritual y planetaria.

Desde esta conexión consciente con esa Luz comprenderemos mucho mejor al mundo que nos rodea y será nuestra guía para que nuestras acciones estén en absoluta sintonía con ella.

Conexión

Conexión es ese vínculo que vibra en espacios “no tangibles”, que revela alta sensibilidad, porque es vibración en movimiento fluyendo dentro de un sistema en el que todas las partes se comunican con las otras, dando coherencia y sentido a toda la trama.

Cuando sustentamos esa conexión “de esencia a esencia” nuestra mente se abre a la comprensión más profunda del funcionamiento de la vida, dándonos la posibilidad de actuar con coherencia y sabiduría; de comprender más claramente todo lo que ocurre en nuestro universo interno y a nuestro alrededor; de comprender también, que todos los cambios planetarios son constantes y de descubrir a través de nuestra observación consciente, cuáles son “naturales” y cuáles son los provocados por el accionar de los seres humanos.

Sentir y sustentar la conexión profunda con lo esencial e infinito, también, nos aleja de los fanatismos que opacan lo genuino y nos guía al encuentro del balance y de la coherencia en nuestro cotidiano vivir y convivir con todo lo que nos rodea.

Pequeñas preguntas, profundas reflexiones

Llenar nuestra mente con datos informativos no garantiza nuestra percepción profunda, ni la comprensión de la realidad, ni nuestro sentido de existencia dentro de ella.

Necesitamos preguntarnos más; indagar e indagarnos más y reflexionar sobre nuestras acciones, actitudes, nuestras coherencias e incoherencias. Necesitamos ver y reconocer con claridad lo que sentimos, lo que hacemos a diario, lo que decimos, lo que anhelamos y descubrir aquello que contribuya a la transformación necesaria en nuestro universo personal y –también- en nuestra vida planetaria.

Las pequeñas preguntas son más fáciles de hacer; las pequeñas preguntas son como aquellas “mini-señales” que nos van marcando el camino hacia reflexiones más amplias y profundas… Hacernos esas preguntas, darnos el espacio-tiempo para ese diálogo íntimo y silencioso, nos aportará claridad de visión y dará firmeza a nuestros pasos.

Es en ese ámbito íntimo en el que podemos escuchar claramente la voz del alma y donde podremos entrenar nuestra habilidad para “ser conscientes” de nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y actitudes que permitirán nuestra evolución en este contexto planetario y humano que habitamos.

Ser Conscientes… esa actitud que a veces cuesta tanto sostener.

Ser conscientes es nada más y nada menos que “darnos cuenta” de nuestras acciones, nuestros sentimientos, nuestros anhelos y nuestros miedos; de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer; de las motivaciones que nos impulsan a la acción, de la coherencia de “hacer-sentir- pensar- decir” en la misma dirección… o de la incoherencia que podemos abrazar algunas veces.

Ser conscientes” es la clave de nuestro accionar cotidiano a favor de la vida, apoyando los procesos naturales y el fluir de su movimiento perpetuo en todas sus dimensiones.

Ser conscientes es imperativo para nuestro cuidado personal y para el cuidado de nuestro mundo cercano y –también- del que existe aún más allá de nosotros mismos.

Ser conscientes es un ingrediente indispensable en lo referente a nuestra responsabilidad personal en la preservación de la vida planetaria.

Veamos algo más acerca de la Consciencia!

En la materia de este mundo físico está inscripta la Consciencia; esa Consciencia que trasciende las individualidades y nos hermana a todos en unidad. Somos a la vez “todo y parte”, es decir, somos sistema e individuos dentro del sistema. La esencia de todo cuanto existe se manifiesta en la materia y nosotros aprendemos acerca de esa esencia asumiendo diferentes roles en la vida: siendo observadores y observados; siendo activos y pasivos; estando en movimiento y en quietud; siendo a la vez dadores y receptores, dando para poder recibir; abrazando así la totalidad y respetando también nuestra individualidad y su identidad.

En esta apreciación consciente nos vinculamos simultáneamente con lo aparente y lo esencial; con lo que es visible y lo que permanece oculto; con la materia y con la su esencia; con lo individual y lo colectivo.

Existe una interdependencia sistémica en donde lo individual está interconectado a una esencia común, compartida por todas las individualidades que forman el sistema global. Al reconocer esta interdependencia sistémica los conflictos se resuelven más fácilmente; la claridad de visión se manifiesta y todo resulta más armonioso. Esto nos ayuda a la evolución personal y grupal y facilita nuestro encuentro con la sabiduría infinita como única guía de vida.

Con nuestras raíces en la Luz y nuestra consciencia en expansión

En la convivencia cotidiana las buenas intenciones no alcanzan para sustentar la armonía y el balance; es importante que esas intenciones estén en sintonía con un bien mayor, con ese bien que trasciende lo personal y lo individual; ese bien que nos incluye a todos por igual. Y -para eso- necesitamos sustentar conscientemente -en todo momento- nuestra coherencia y estar alineados con ese bien superior.

Todo es cuestión de práctica, considerando que es un ejercicio voluntario y consciente, como las rutinas que hacemos en un gimnasio para cuidar nuestro cuerpo. Aquí, se trata de cuidar nuestra esencia humana-espiritual-planetaria.

Con la disciplina de esta práctica nuestro “ser y estar” conscientes y coherentes será natural y espontáneo.

Las prácticas son sencillas y -para comenzar- bastará con darnos cuenta que “nos estamos dando cuenta”; luego, necesitaremos ir tomando conciencia de las pequeñas cosas que hacemos; de los pensamientos que se van cruzando por la mente; de los sentimientos, emociones, sensaciones… y así estaremos en condiciones óptimas para iniciar nuestra exploración personal, haciendo las pausas necesarias para observarnos conscientemente en nuestro quehacer cotidiano.

En el vértigo de los ritmos de vida actuales, muchas veces –sin darnos cuenta- nos transformamos en autómatas y adquirimos rutinas que realizamos sin detenernos a observarlas o cuestionarlas. Perdemos de vista la importancia de “la pausa”, del espacio de silencio personal, de la observación consciente, de la mirada profunda y la reflexión silenciosa y hacemos cosas de las que no registramos su “para qué”!

Esto marca un hito importante para nuestra reflexión porque nos está avisando que es necesario parar; hacernos la pequeña pregunta; encontrar nuestros instantes de silencio y rescatar inmediatamente nuestra coherencia, nuestra sintonía con “la Luz” y nuestra sabiduría infinita.

Tenemos el poder de crear

Tenemos el poder de crear el mundo en el cual anhelamos vivir; ese mundo se modifica con el pasar del tiempo; con las experiencias de vida; con nuestros cambios personales y –también- con los cambios grupales y sociales. Todo cambia y está en constante transformación y nuestras creaciones necesitan ir acompañando esos pequeños procesos de cambios que se suceden a lo largo del camino.

Nosotros creamos el mundo en el que vivimos a diario. Creamos las estructuras políticas, las estructuras económicas, los sistemas culturales, las religiones, las leyes de cada país, los códigos de comunicación… Creamos todo lo que hace a la convivencia en todos los sentidos; y si tenemos ese poder, también tenemos el poder para modificar lo creado y la responsabilidad de cambiar aquello que destruye; aquello que genera problemas y todo aquello que nos impide la evolución como especie humana y planetaria pero recordemos que ese poder, lo tenemos que usar siempre oportunamente, alineados con el bien superior.

Las preguntas son: teniendo ese poder de “crear realidades”, ¿qué hago yo personalmente para cuidar mi espacio de vida y el medio ambiente? ¿Cuáles son mis pequeñas acciones cotidianas? ¿Estoy consciente de la importancia de lo que hago y lo que no hago? ¿Y de las prioridades? ¿Mantengo el balance del cuidado cotidiano en mi pequeño universo personal? ¿y en mi entorno?

Como comunidad y sociedad las preguntas son similares: ¿qué hacemos como sociedad para cuidar el medio ambiente? ¿Qué hacemos para ayudar a sustentar la maravillosa abundancia planetaria? ¿Tenemos en cuenta realmente el “bien mayor”? Seguramente, muchas imágenes actuales ya nos estarán hablando por sí solas…

Podemos comprender lo que nos sucede en nuestro día a día observando conscientemente nuestras emociones y los sentimientos emergentes; pero –al hacerlo- necesitamos incluir también el aporte que hace nuestra mirada interna, esa mirada silenciosa y profunda que nos proporcionan los ojos del espíritu, para poder comprender el sentido trascendente y transpersonal de todo lo que acontece en este mundo que habitamos y que vamos creando día a día.

Entonces, la propuesta es hacer una pausa, sintonizarnos con nuestra sabiduría originaria y darnos el tiempo necesario para establecer una buena comunicación con esa parte de nuestro ser que nos habla a diario; con esa voz del alma que a veces escuchamos y -otras veces- la pasamos por alto; esa voz que está libre de interferencias; que nos llega desde las profundidades de nuestro ser y nos ayuda a ver más allá de lo aparente y lo ilusorio.

Tenemos la capacidad y los recursos para conectarnos con la llamada “voz interior” y aceptar su sabiduría natural como guía de nuestros recorridos mundanos. Hacerlo y sostenernos en sintonía con ella antes de ir a la acción es nuestra decisión personal y, es también, una elección de vida.

Necesitamos aprender a cooperar para generar cambios que mejoren la calidad de vida planetaria; necesitamos aprender a crear aquello que sea bueno para todos, uniendo y combinando diferencias para llegar a un mejor resultado que nos incluya a todos -y también- al medio en el cual habitamos y a todo el planeta, porque éste es nuestro hogar de paso, al que debemos cuidar, cuidándonos.

Esther Mónica Shocron Benmuyal

Embajadora de Paz

Distinción otorgada por la Fundación Mil Milenios de Paz

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Ilustrações: Silvana Santos